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HAY QUE SER ANTES QUE HACER

Últimamente le estoy dando muchas vueltas a algo.


Tenemos una capacidad increíble para ver con nitidez la vida que queremos y, sin embargo, somos bastante malos viendo todo lo que tiene que ocurrir entre el lugar en el que estamos y ese lugar al que queremos llegar.

Vemos el sueño, pero no vemos el camino.

Yo, por ejemplo, tengo bastante claro qué me hace feliz. Me encanta ayudar a la gente. Me encantaría poder dedicar cada vez más tiempo de mi vida a las terapias, a la meditación, al Reiki, a acompañar a otras personas, a aliviar un poquito su dolor y ayudarles a vivir con más paz, más consciencia y más felicidad. Eso me llena profundamente.

Durante mucho tiempo pensé que para llegar hasta ahí tenían que cambiar mis circunstancias. Necesitaba más tiempo. Más dinero. Que ocurriesen determinadas cosas. Que desapareciesen otras. Hasta que empecé a comprender que quizá había estado mirando en la dirección equivocada. Porque para vivir una vida diferente, yo también tengo que convertirme en una persona diferente. Y eso lleva tiempo.

Ahora puedo meditar entre una y dos horas muchos días. Y no lo hago desde la exigencia de “tener” que hacerlo, sino porque me hace feliz, porque me ayuda a conocerme, porque cambia mi manera de estar en el mundo y porque siento que cuanto más entro en mí, mejor puedo estar después para los demás. Pero si hace unos años alguien me hubiese dicho que tenía que meditar dos horas al día para convertirme en la persona que quería ser, probablemente habría durado tres días. Porque todavía no era yo. Habría intentado hacerlo desde el esfuerzo, desde la obligación, desde la sensación de que me faltaba algo.

Y quizá ahí está una de las cosas más bonitas que estoy aprendiendo: hay cosas que hoy forman parte de ti que hace unos años habrían supuesto un esfuerzo enorme.

No porque la vida se haya vuelto más fácil, sino porque tú has vivido el proceso de cambio, porque tú has cambiado.

Y eso me ha hecho mirar de otra manera todo aquello que todavía no ha llegado. Porque quizá no siempre es un «no». Quizá a veces es un «todavía».

Quizá la vida no nos está negando aquello que deseamos. Quizá nos está preparando para poder sostenerlo cuando llegue.

Y esto, para alguien tan impaciente como yo, es todo un aprendizaje. Porque queremos ver frutos. Queremos comprobar que funciona. Queremos saber que cada esfuerzo, cada decisión, cada pequeño paso nos está llevando exactamente hacia algún sitio.

Y cuando llevamos tiempo caminando y todavía no vemos aquello que imaginábamos, aparece una de las tentaciones más peligrosas: parar.

Pensar que no está funcionando, que nos hemos equivocado, que quizá deberíamos dejarlo.

Pero piensa por un momento en quién eras hace dos años. En las cosas que hoy haces con naturalidad y entonces parecían imposibles. En conversaciones que ahora eres capaz de tener. En límites que has aprendido a poner. En cosas que ya no necesitas. En miedos que siguen ahí, pero que ya no deciden por ti.

En todo aquello que has ido incorporando tan despacio que ni siquiera te has dado cuenta de que estabas cambiando.

Quizá todavía no tienes la vida que imaginaste porque estás en pleno proceso de convertirte en la persona capaz de vivirla. Y eso también es llegar.

Por eso hoy quería escribirte especialmente si estás en ese momento en el que llevas tiempo caminando y empiezas a preguntarte para qué.

Si tienes un proyecto que no despega. Si estás intentando cambiar algo de tu vida y parece que siempre vuelves al mismo sitio. Si tienes un sueño enorme y ni siquiera sabes cuál debería ser el primer paso.

Empieza por uno. El que puedas. Aunque parezca pequeño. Aunque no sepas dónde conduce. Aunque nadie lo vea. Porque ningún camino aparece entero delante de nosotros. A veces la vida sólo ilumina el siguiente paso. Y después el siguiente. Y un día miras hacia atrás y descubres que todos aquellos pasos que parecían no llevar a ninguna parte estaban construyendo algo mucho más importante que el destino que perseguías: te estaban construyendo a ti.

No necesitas saber cómo llegar hasta el final para empezar a caminar. Quizá ahora mismo sólo necesitas confiar en que este paso también cuenta.

Y si en algún momento del camino necesitas una mano, una conversación, un espacio donde ordenar todo eso que llevas dentro, quiero que sepas algo: estoy aquí para ayudar.

Si me necesitas, cuenta conmigo.

Con amor y alas,

Pili con Alas 🪽

Martes con alas: tu recordatorio semanal de volver a ti.
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