Hoy la newsletter llega tarde.
La verdad es que esta mañana no me sentía inspirada, ni con ganas. Pensaba que no tenía nada especialmente bonito que compartir y que quizá era mejor dejarlo para otro momento. O quizá sí tenía algo que compartir.
Esta mañana me he levantado para meditar y me he encontrado todavía algunas cosas de la cena de ayer: un mantel sin quitar, unos vasos, una botella en el suelo… Y mi reacción ha sido completamente desproporcionada. Me he enfadado muchísimo. Después, cuando me he sentado a meditar, no podía dejar de pensar: ¿cómo puede desestabilizarme tanto algo tan pequeño? Y además me daba rabia que me diese rabia.
Ayer mismo vino al despacho una persona que se está muriendo de cáncer. Y hoy yo estaba profundamente alterada por un mantel y una botella. ¿Cómo podía permitirme estar así por semejante tontería?
Y creo que ahí empezó realmente la reflexión de hoy. Porque quizá nos hemos acostumbrado a enseñar sólo nuestra parte bonita: la que comprende, la que agradece, la que medita, la que tiene paciencia, la que encuentra aprendizajes maravillosos en todo lo que ocurre. Pero somos un todo. Luz y sombra. Yin y yang. Y quizá vivir conscientemente no consista en conseguir que nuestra parte oscura desaparezca, sino en atrevernos a mirarla cuando aparece.
Esta mañana apareció la mía y mi primera reacción fue rechazarla. Pensar que no debería sentirme así. Que después de todo lo que medito, todo lo que aprendo y todo lo que intento trabajar en mí, debería reaccionar de otra manera. Incluso pensé que hoy no estaba en un lugar desde el que pudiera escribir Martes con Alas.
Y entonces me di cuenta de la trampa.
¿Sólo puedo quererme cuando me gusta la persona que estoy siendo?
¿Sólo puedo compartir cuando estoy luminosa? ¿Sólo estoy haciendo bien mi camino cuando tengo paz? Quizá hoy la práctica no era conseguir dejar de estar enfadada. Quizá era sentarme al lado de ese enfado y preguntarle: ¿qué hay realmente detrás de ti?
Porque evidentemente no era el mantel. Ni los vasos. Ni aquella botella. Cuando algo tan pequeño nos toca de una manera tan grande, quizá merece la pena mirar un poquito más profundo. No para castigarnos ni para corregirnos inmediatamente, sino para conocernos. Porque al final todo puede convertirse en un espejo, también aquello de nosotros que preferiríamos no mirar.
Y quizá haya días en los que no encontremos la respuesta. Hoy, de hecho, todavía no la tengo. Pero empiezo a pensar que tampoco pasa nada. Hay cosas que necesitan tiempo para mostrarse, partes de nosotros que quizá sólo podemos conocer atravesando días así y aprendizajes que no llegan mientras estamos sentados en paz pensando en lo maravillosa que es la vida. A veces llegan cuando un mantel sin recoger nos hace saltar por los aires.
Y justo hoy ocurrió algo bonito. Hace muy poquito he abierto la página de Google de Pili con Alas y algunas personas que han pasado por mis meditaciones, sesiones o talleres han empezado a dejarme sus reseñas. Esta mañana, estando un poquito metida en mi propia nube gris, leí algunas. Y fue extraño verme a través de sus ojos. Leer cómo habían vivido algo que yo había creado, cómo se habían sentido, qué había significado para ellas.
Y pensé: Que hoy estés triste no significa que hayas dejado de ser quien eres. La luz no desaparece porque hoy no seas capaz de verla.
Así que me senté a escribirte. No desde mi versión más luminosa, sino desde ésta: la que hoy está cansada, un poquito triste, que ha reaccionado fatal ante algo aparentemente absurdo y que todavía está intentando comprender qué había realmente detrás.
Y quizá éste sea precisamente mi Martes con Alas de hoy. Si tú también tienes uno de esos días, no tengas tanta prisa por convertirlo en un día bueno. Escúchate. Pregúntate. Quiérete también aquí.
Porque volver a ti no siempre significa volver a la luz. A veces significa tener el valor de sentarte un rato en tu propia sombra.
Y antes de irme, gracias a quienes habéis dejado ya unas palabras en la nueva página de Google de Pili con Alas. Hoy han significado para mí bastante más de lo que probablemente imaginabais. Y si alguna vez has compartido conmigo una meditación, un Reiki, un taller o cualquier otro pedacito de este camino y te nace contar cómo lo viviste, saberlo me hará muchísima ilusión. Sobre todo porque estoy descubriendo que, a veces, vuestras palabras también me ayudan a recordar quién soy yo.
Con amor y alas,
Pili con Alas 
Martes con alas: tu recordatorio semanal de volver a ti.