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VER DESDE OTRO LUGAR

Hace unos meses hablaba con algunos compañeros del máster de emprendimiento sobre algo que creo que nos preocupaba a todos.

¿Dónde ponemos el foco?

Porque cuando tienes un sueño quieres hacerlo realidad. Trabajas, estudias, piensas, pruebas, vuelves a intentarlo… y cuando además tienes otro trabajo, todo eso ocurre en las pocas horas que quedan libres.

Así que empiezas a quitarlas de algún sitio.

Un rato con tu familia. Una cena con amigos. Una tarde sin hacer nada. Dormir un poco más. Estar con tu pareja.

Y aparece una sensación extraña: si dedicas tiempo a tu sueño, sientes que estás descuidando tu vida. Pero si dedicas tiempo a tu vida, sientes que no estás haciendo suficiente por tu sueño.

Durante mucho tiempo pensé que la solución estaba en aprender a priorizar. Ahora creo que estaba haciéndome la pregunta equivocada. Porque quizá el problema no era dónde estaba poniendo mi tiempo, sino desde dónde estaba viviendo.

Muchas veces he perseguido mis sueños desde la carencia. Necesito que esto funcione. Tengo que conseguirlo. Debería estar haciendo más. Todavía no estoy donde quiero estar. Y sin darte cuenta empiezas a vivir mirando permanentemente lo que falta. No tengo todavía el negocio que quiero. No puedo dedicarme completamente a lo que amo. No tengo suficiente tiempo. Todavía no he llegado.

Hasta que un día pensé: ¿Y si dejo de construir mi vida desde la sensación de que mi vida no es suficiente?. Porque quizá todavía no tengo el trabajo de mis sueños. Pero tengo trabajo. Quizá Pili con Alas todavía no es todo lo que sueño que algún día sea. Pero existe. Tengo personas que me quieren. Tengo una familia a la que puedo dedicar tiempo. Amigos con los que reírme. Una casa a la que volver. Un cuerpo que me permite experimentar esta vida.

Estoy viva. Y sólo eso ya es una abundancia difícil de comprender.

Entonces cambia algo.

Sigo queriendo crecer. Sigo teniendo sueños enormes. Sigo trabajando para conseguirlos. Pero ya no necesito llegar a otro lugar para empezar a sentir que mi vida merece la pena. No construyo para escapar de lo que tengo. Construyo desde el agradecimiento por lo que ya tengo. Y para mí ahí está la diferencia entre vivir desde la carencia y vivir desde la abundancia.

La abundancia no es tenerlo todo. Es ser capaz de ver todo lo que ya hay.

Y quizá por eso tampoco tenga sentido elegir constantemente entre el sueño y la vida. Porque mi familia no es el obstáculo que me separa de mi propósito. Mis amigos no me están quitando tiempo para construirlo. Una tarde descansando no significa que esté perdiendo el tiempo. Todo eso también es la vida que estoy intentando construir.

Sería bastante absurdo pasar años persiguiendo una vida abundante mientras descuido toda la abundancia que ya existe a mi alrededor.

Así que últimamente intento hacer algo diferente. Seguir caminando. Seguir trabajando. Seguir soñando a lo grande. Pero hacerlo desde el gracias y no desde el me falta.

Gracias por lo que tengo.

Gracias por lo que estoy construyendo.

Gracias por las personas que pueden caminar conmigo mientras lo construyo.

Y gracias también por todo aquello que todavía no ha llegado.

Porque no quiero conseguir mis sueños a costa de perderme mi vida mientras llegan. Quiero estar aquí para vivirla. Toda.

Con amor y alas,

Pili con Alas 🪽

Martes con alas: tu recordatorio semanal de volver a ti.